SUPERTANKER, UN DESAFÍO DE ABASTECIMIENTO

La Decimoctava comenzó las tareas de abastecimiento del Supertanker 774-400, el gigantesco avión estadounidense que empezó a operar en el país gracias a una iniciativa privada y que aterrizó en Santiago como una solución sal- vadora cuando la situación parecía desbor- dada por esta cadena de incendios forestales, de distinto origen, que se concentró en las regiones de O’Higgins, Maule y Biobío, don- de según el reporte final de la Corporación Nacional Forestal (Conaf) se consumieron 467.537 hectáreas de bosques y se registraron nueve víctimas fatales.

La Decimoctava asumió la tarea del abastecimiento directo del Supertanker en la losa del aeropuerto, mientras que el capitán de la Octava Compañía del Cuerpo de Bomberos de Quinta Normal, Ricardo Beltrami, que estaba a cargo del servicio, dirigió el funcionamiento del tren de piscinas. Estuvimos a cargo del abastecimiento del Supertanker con el BT18.

Cargar un avión como el Supertanker, con capacidad para 74.200 litros de agua, cuestión que nadie había hecho hasta ese mo- mento en el país, requirió un diseño bastante complejo, el cual contaba con un tren de 13 piscinas en línea, cada una de ellas con capa- cidad de 10 mil litros de agua, a las cuales se sumaban dos piscinas principales a cada uno de los lados del carro BT18, que por medio de dos mangueras rígidas, conocidas como chorizos en el lenguaje bomberil, aspiraban el agua para depositarla en los estanques del gigantesco avión cisterna.

 

Durante la operación, el tren de piscinas se iba volviendo a llenar de inmediato por medio de camiones aljibe que, en número de cuatro, depositaban su contenido en la primera de estas piscinas, desde donde estaba un carro dedicado exclusivamente a enviar el agua al resto de la línea de abastecimiento. Del mismo modo, en la piscina principal, que era la única que estaba sola en la losa, al otro lado del carro, se dispusieron dos aljibes marcha atrás con descarga rápida, los que en dos minutos podían botar 10, 18 o 20 mil litros de agua, a lo que se agregaba la reserva de 13.800 litros del propio estanque del BT18. Además, el diseño contaba con un respaldo de 100 mil litros de agua dispuestos en dos contenedores plásticos de 50 mil litros cada uno, denominados riñones, que fueron proporcionados por la Fuerza Aérea de Chile.

Además se sumó el avión Ilyushin II-76, con capacidad para 42 mil litros, lo que obligó al redoblar el trabajo de abastecimiento, que debía hacerse de ma- nera conjunta para ambas naves. En ese momento el BT18 se destinó al abastecimiento del cisterna ruso, mientras que el BT3, de la Tercera Compañía del CBS, quedó a cargo del trabajo con el Supertanker. “Calculo que debíamos movilizar alrededor de 300 mil litros de agua por carga para poder abastecer los aviones en el tiempo requerido”, apunta Víctor Marambio.

Se logró cargar el Supertanker en 11 minutos y 55 segundos y el Ilyushin en 6 minutos y 40 segundos. “Después de eso nos fuimos dando cuenta que no era necesario cargarlos tan rá- pido, ya que si bien en un principio, cuando estaba la prensa, todos nos medían el tiem- po, la idea era poder hacer un trabajo efecti- vo más que publicitario, sin forzar tanto los carros. El mejor tiempo entre carga y despegue, es decir, desde que el avión se posicionó para su abastecimiento hasta que ya estaba en la losa listo para despegar, fueron solo 18 minutos”, llegaron a realizar siete y seis vuelos diarios, respectivamente.

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