NUESTRO CUARTEL

El arquitecto Gonzalo Mardones Viviani nació y vivió por largos años muy cerca de la villa El Dorado, cuenta que creció y conoció desde siempre estos barrios, que se siente parte de la evolución de la comuna y que ahora, que es un reconocido profesional, con numerosas distinciones y premios internacionales, ese vínculo delicadamente se ha ido consolidando tras la inauguración, en 2006, del nuevo cuartel de la Decimoctava Compañía en la calle Gerónimo de Alderete 1218.

“Este barrio sigue siendo residencial, sin embargo observo que, a partir de esta calle, se ha ido constituyendo un interesante eje norte-sur, que une las dos principales arterias de la comuna (Avenida Vitacura y Avenida Kennedy) y que se ha transformando y se está transformando cada día más en una especie de boulevard con edificios de dos y tres pisos. Antes había solo casas, el edificio de la Decimoctava fue uno de los primeros en este nuevo concepto y eso es muy entretenido, porque Gerónimo de Alderete está adquiriendo una vida distinta, más cívica, sin perder su identidad”, resume Gonzalo Mardones.

Los bomberos más antiguos de la compañía, como los fundadores Marcelo Arias y Ciro Cornejo Cáceres, reconocen que nunca se les pasó por la cabeza que la Decimoctava podría ofrecer algún día esta imagen en el barrio que los vio crecer y, si bien recuerdan con nostalgia el viejo cuartel “porque era como la primera casa que uno tiene en la vida” o “porque en las tardes nos encontrábamos todos como en una familia”, ambos coinciden en el valor de estas nuevas dependencias porque, tanto el servicio como los jóvenes bomberos, tienen también otras necesidades espaciales. A Guillermo Pinto y su generación le correspondió impulsar esta obra y, si bien admite que también le ha costado acostumbrarse a la nueva dinámica de un cuartel de 2020 metros cuadrados construidos “donde ahora no conozco el nombre del 25 por ciento de los voluntarios que pasan por aquí”, sostiene que, al igual que el primer galpón de Las Hualtatas, esta moderna construcción también tuvo su épica y plantea otros desafíos “porque no es lo mismo que un dueño de casa deba mantener una casa de 70 metros cuadrados que una de 300 metros”, gráfica.

La épica de Gerónimo de Alderete comienza, a juicio de Guillermo Pinto, en el momento que se cruzó una oportunidad en el camino. “Existía la posibilidad de que Las Hualtatas se convirtiera en una vía reversible y que eso pudiera afectar las salidas a los llamados de emergencia. Entonces nos agarramos de ese hilito, partimos a conversar con el alcalde Raúl Torrealba con un proyecto armado y de ahí salió todo”, relata. El planteamiento de la compañía se apo yaba en tres puntos. En primer lugar, las dificultades de acceso que podría significar el reordenamiento vial de Las Hualtatas; segundo, la necesidad de contar con un cuartel debidamente habilitado para incorporar el servicio femenino y con áreas para que los jóvenes bomberos pudieran desarrollar de manera paralela sus estudios, lo que redundaría en una mayor cantidad de personal durante las 24 horas del día, y, tercero, fortalecer con un nuevo emplazamiento el vínculo de la compañía con la comunidad, ya que la ubicación en San Félix no permitía la visibilidad suficiente de la unidad entre los propios vecinos. “Planteamos el convencimiento de que ubicarnos en una avenida principal nos haría más conocidos y accesibles para el barrio, como efectivamente ocurrió. Hoy somos un punto reconocible en la comuna”, acota Guillermo Pinto.

El proyecto tuvo eco en el alcalde Raúl Torrealba quien sugirió la idea de que el municipio adquiriera el antiguo cuartel de San Félix, dado que Vitacura tenía necesidad de ampliar sus dependencias comunitarias, lo que generaría los recursos para comprar los nuevos terrenos. La bomba seguiría funcionando en el mismo lugar hasta que estuvieran listas las futuras dependencias, de manera de no afectar el servicio.

La propuesta tuvo el decidido respaldo del superintendente Alejandro Artigas MacLean y del comandante Sergio Caro Silva. “Partimos a buscar terrenos bajo una fuerte presión de otras compañías de no acercarnos mucho a sus territorios para no afectarlos en la nueva pauta”, escribió en su respectiva cuenta Guillermo Pinto, quien recuerda que, luego de mucho buscar, dieron con la ubicación de Gerónimo de Alderete, donde existía una construcción añosa e inconclusa perteneciente a una familia que administraba una verdulería. A partir de esta primera adquisición se fueron comprando otras propiedades aledañas hasta alcanzar una superficie de 1.760 metros cuadrados.

“Hicimos de todo para levantar recursos con empresas privadas, con el municipio, con quien tuviéramos a la mano. Finalmente, lo que restaba lo puso el propio Cuerpo de Bomberos de Santiago, que, en una determinación que no había tomado nunca, se apoyó con un banco para disponer lo que faltaba”, recuerda Guillermo Pinto, quien agrega que, al momento de pensar en la nueva obra arquitectónica, “siempre tuvimos el deseo de que fuera un hito para la comuna”.